Son los minutos, algunas noches horas, antes de rendirse al sueño, y abandonar el cuerpo en la oscuridad, cuando la mente cobra una actividad frenética que provoca un desasosiego desmesurado, turbio por el cansacio de un cuerpo maltratado ante las metas diarias. En esos momentos toda reflexión es absurda, pero las necesidades y sensaciones que se manifiestan perviven, son el reflejo de debilidades latentes, impulsos que tras el descanso deben ser atendidos.
Miedo, inseguridad, fracaso...
Amor, fortaleza, optimismo...
Términos contrapuestos, paradójicamente en la mayoría de ocasiones se complementan, forman un todo indivisible.
Abandonando todo formalismo léxico, lo único que quiero, es alcanzar la fuerza para plantar cara a la inseguridad que provoca el sentimiento confuso y nada definido del amor, sin miedo al fracaso, al error en la elección y con cierta dosis de optimismo real.
